A TRAVÉS DE LA ANTIGUA PERSIA



En el año 559 a.C. asumió el trono de Persia Ciro II de la dinastía aqueménida. Hasta ese momento los persas eran nominalmente súbditos de los medos. Con Ciro esto cambió, puesto que independizó al país y lanzó a continuación una guerra de conquista contra sus antiguos amos.
A pesar de haberlos derrotado, Ciro les permitió seguir ocupando cargos y mantener cierta autonomía. Luego se dedicó a conquistar las zonas del Asia Central y la frontera con la India, donde se fundaron ciudades y se construyeron fortificaciones para proteger el Imperio frente a los ataques de los nómadas del Asia Central. A continuación, las fuerzas persas pasaron a la ofensiva en Asia Menor y subyugaron el reino de Lidia, cuyo rey era el famoso Creso. Esta zona junto con Jonia estaba poblada por griegos o tenía influencia griega, lo que hizo que la población fuera levantisca.
Después de un periodo sin guerras, los persas atacaron Babilonia, apoderándose además de toda la Mesopotamia, Siria y Palestina. Los persas liberaron a los israelitas de su cautiverio en Babilonia y en muchas zonas fueron recibidos como libertadores. Luego de estas campañas falleció Ciro II y le sucedió en el trono Cambises, que conquistó Egipto, pero los egipcios nunca aceptaron el dominio persa, por lo que eran frecuentes las conspiraciones y los alzamientos. En varias oportunidades se sublevaron, logrando recuperar su independencia por algún tiempo.
También las zonas griegas del Asia Menor se sublevaron entre el 499 y el 494 a.C. con ayuda de los griegos de Europa, especialmente de Atenas, lo que llevó a los persas a tratar de eliminar la amenaza griega en dos oportunidades, fracasando estrepitosamente.
A partir de la derrota en Grecia, los griegos con sus recursos limitados pasaron a la ofensiva, atacando en algunos puntos o apoyando a los revoltosos en otros, sin dañar demasiado al Imperio aqueménida. Los persas hábilmente promovieron la rivalidad entre Atenas y Esparta.
Los persas llegaron a ocupar territorios desde el norte de Grecia hasta el río Indo y el Amu Daria, incluyendo Tracia, Egipto, Oriente Medio, Asia Menor y el Cáucaso.
Desde Ciro II hasta Artajerjes I fueron los grandes líderes del Imperio persa, que al final sucumbió ante el macedonio Alejandro Magno, pero los persas dejaron para la eternidad increíbles ciudades, fortificaciones y otros monumentos como muestra de su interesante cultura. 

ISFAHÁN : LA JOYA DE IRÁN
Isfahán es una de las ciudades históricas más importantes, además de la tercera mayor urbe del país. Sus orígenes se remontan a más de 2.700 años, cuando era un emplazamiento judío. Fue saqueada por los ejércitos musulmanes en el año 640, posteriormente por los mongoles en 1241 y más tarde por Timur.
El esplendor de Isfahán llegó durante la reconstrucción por parte del monarca safávida Shah Abbas I, quien trasladó aquí su capital en 1591. Entre los monumentos de este periodo figuran palacios, grandes mezquitas, minaretes, puentes cubiertos y caravansares, muchos de los cuales están considerados como obras maestras del arte islámico en la actualidad. Tras la derrocamiento de los safávidas, la ciudad entró en decadencia cuando los qajar trasladaron la capital a Teherán.
Isfahán tiene una larga tradición de fabricación de alfombras de gran calidad y de artesanía de plata. Su impresionante arquitectura, sus avenidas flanqueadas por árboles y el ritmo de vida relajado que se respira en ella, la convierten en una ciudad de visita ineludible.
La Mezquita del Viernes es un edificio que muestra un esquema clásico. Sus elementos más característicos son sus dos cúpulas, ambas del siglo XV. La de los Viernes original del siglo XI, fue epicentro ciudadano y ha sufrido modificaciones distintas que la transforman en un observatorio de la evolución de la arquitectura religiosa del país. Tiene un inmenso patio, con su estanque de mármol y un viejo vestíbulo, además de un bosque de columnas que data del año 1088.
Mezquita Sheik Lotfollah. El monarca Shah Abbas I ordenó la construcción de una pequeña mezquita en la plaza del Imam. La fachada es interesante y su interior notabilísimo. Es de 1602 y significa una auténtica joya de diseño. Los colores azul turquesa y rosa sobre fondos amarillos dominan la fachada. No cuenta con un gran patio ni minaretes. Más que una gran mezquita se trata de un oratorio familiar. Entre la belleza decorativa hay que situar los mosaicos y estalactitas de un mihrab, que le dan una visión original. Todo en el edificio respira sosiego y paz espiritual.
Mezquita del Imam. Se trata de una obra maestra de la arquitectura. Antiguamente se la llamaba mezquita real. Fue construida entre 1612 y 1638. El refinamiento de su decoración es magistral y muestra la plenitud de su policromía safávida. La mayor parte del edificio está cubierta por azulejos esmaltados, en los que se reitera la poética admiración persa hacia las flores. La cúpula es notable por su colorido y elegancia decorativa. Los minaretes que la flanquean alcanzan los 40 metros de altura, en tanto que los del santuario llegan hasta los 54 metros.
Los minaretes oscilantes. Es una obra sencilla, aparentemente con una característica extraña y aun inexplicada por las leyes físicas. El minarete se puede agitar desde dentro, generándose una vibración que se transmite a la otra torrecilla, en medio de cierto pánico de los visitantes que piensan que la edificación puede doblarse en cualquier momento. Estos sencillos minaretes están al lado de la tumba de Abe Abdullah, más conocido como Menar Yomban, y se hallan a seis kilómetros al este de la ciudad de Isfahán.
Catedral Vank. Este es el templo de los cristianos armenios en Irán. Se trata de una obra primitiva, pero llena de sabor y arcaísmo. Data del año 1655 y es un compendio en el que se sintetizan conceptos cristianos armenios con el arte de las mezquitas del periodo safávida. Cuenta con un museo en su interior.
La grandiosa plaza del Imam es rectangular y en 1979 mereció ser catalogada como bien cultural del Patrimonio de la Humanidad, honor que en Irán tienen el zigurat de Chogha Zanbil y Persépolis. La plaza mide algo más de medio kilómetros de largo por 165 metros de ancho, lo que la sitúa como una de las mayores del mundo. Data de 1612 y se encuentra perfectamente urbanizada, siguiendo una planificación muy original.
Los monarcas safávidas utilizaban la plaza como campo de polo. En torno a ella se alinean varios de los edificios más representativos de la ciudad. Sus 8.000 metros cuadrados (el doble que la plaza Roja de Moscú, por ejemplo), la transforman en un centro múltiple donde antaño se hallaban charlatanes, poetas y predicadores. Hoy su público está más bien guiado por el recreo y la compra de todo tipo de artículos.
Palacio Ali Ghapu. Este gran edificio de Isfahán data del siglo XVII y es, sin duda, una obra maestra del periodo safávida. Tiene seis pisos y alcanza una altura de 48 metros. Cada planta posee un estilo de decoración propio, destacando la riqueza decorativa, escayola, mosaico y madera. El amplio vestíbulo de recepción tiene capacidad para unas doscientas personas y está delicadamente decorado con relieves policromados. Las habitaciones tienen muchos elementos de interés en los detalles de acabados y dibujos. Desde este palacio se tienen excelentes vistas hacia la plaza del Imam.
Palacio Hasht Best. El nombre de este palacio significa “los ocho del paraíso”. Se trata de una obra de planta octogonal, cuatro lados largos y cuatro chaflanes cortos. Tiene dos pisos. El palacio fue construido en 1669 en tiempos del Sha Soleiman.
Palacio Chehel Sofun. Fue construido por el Sha Abbas II en el año 1667, en el final del periodo safávida. Se trata de uno de los mejores exponentes de la arquitectura real persa. Era el lugar de recepción de las delegaciones extranjeras. Sus veinte columnas revestidas con espejos y metales, y sus murales históricos son elementos de mucho interés.
El Gran Bazar de Isfahán es de visita obligada. En él se aprecia la vida de la ciudad, sus colores, sus olores, sus trasiegos constantes. Goza de renombre por ser uno de los mejores de Oriente y está situado junto a la plaza Queisareh.
Destaca por su artesanía en oro y plata, esmaltes, alfombras, marroquinería, antigüedades, pinturas en miniatura y objetos de incrustación. Resulta un espectáculo contemplar el ir y venir de la gente y el ambiente que generan. El recorrido por el bazar, desde la plaza del Imam hasta la Mezquita del Viernes puede alcanzar los cinco kilómetros, con patios y callejones llenos de ambientes por completo distintos.
Existen bellos puentes en Isfahan y cabe destacar el de Si-o-Seh Pol que tiene 33 arcos y fue construido por orden del Sha Abbas I en 1602. Es uno de los símbolos de Isfahán. El puente Khaju data de 1650 y tiene 132 metros de largo. En el piso inferior existe una curiosa casa de té, al lado mismo de la corriente del Zayandehrud.

KASHAN
Es una ciudad de la provincia de Isfahán. La etimología de su nombre viene de la palabra persa Kshi, que significa azulejo. Kashan es la primera de una serie de grandes oasis a lo largo de la carretera que va de Qom a Kermán, por el borde de los desiertos centrales de Irán. Su encanto se debe principalmente al contraste entre las inmensidades resecas del desierto y el verdor del oasis.
Los descubrimientos arqueológicos en las colinas de Sialk que quedan a unos cuatro kilómetros al oeste de la ciudad y revelan que esta región fue uno de los primeros centros de civilización en la época prehistórica. Por lo tanto, Kashan se remonta al periodo elamita de Irán. El zigurat del Sialk aún permanece en pie en la actualidad en los suburbios de Kashan, después de 7.000 años.
Los objetos descubiertos en Sialk se encuentran en el museo del Louvre de París, en el museo metropolitano de Nueva York y en el Museo Nacional de Irán. Según algunos relatos, Kashan sería el origen de los Reyes Magos que siguieron la estrella que los guió hasta Belén para testimoniar el nacimiento de Jesús, tal y como se dice en los Evangelios cristianos. Con independencia de la validez histórica de tal aseveración, la atribución de Kashan como lugar del que serían originarios, acredita el prestigio de la ciudad en la época en que se comenzó a narrar la historia.
El sultán Malik Shah I de la dinastía selyúcida ordenó la construcción de una fortaleza en medio de Kashan en el siglo XI. Las paredes de la fortaleza, llamada Ghaleh Jalai, aún permanecen en pie.
A destacar el bazar de Kashan. Es un gran mercado situado en el centro de la ciudad. Se supone que fue construido en la época de los safávidas. Una parte que se llama Timche-ye Amín-al-Dowleh es peculiar por su arquitectura. En ella, en 1800 se construyó un gran pozo.
En la actualidad el bazar está en pleno funcionamiento y aparte del mercado, el complejo tiene mezquitas, cementerios, caravansares, galerías, baños y depósitos de agua. Cada monumento se construyó en dinastías y épocas diferentes.
Mezquita de Mir Mahmud. En una mequita antigua que está a la salida de la plaza Meydan-e-Feyz y fue construida por el ministerio Hodja Emad-e-ddin Mahmud. Sobre todo es peculiar la entrada a la mezquita. En el interior se sitúa el patio que tiene un pequeño estanque. La cátedra de la mezquita está cubierta con adornos esmaltados y en las paredes sobre las piezas de piedra están tallados los nombres de los gobernantes iraníes.
Merecen también una detallada visita en Kashan el caravanserai Amin al Dowleh; la mezquita y el mausoleo de Agha Bozorg; la casa familiar de Ameri; la casa de Abbasi y la de Tabatabai; los jardines Fin; los yacimientos Tappeh Sialk y el zigurat Sialk.

MASHHAD
Es la segunda mayor ciudad del país y el destino de peregrinación más importante, ya que recibe a más de doce millones de visitantes cada año. En la antigüedad, la provincia de Khorasán englobaba áreas de Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, y ha destacado históricamente como centro del arte y de la erudición. También es cuna de muchos grandes poetas y escritores iraníes. La historia reciente de esta zona está asociada a la dinastía afsárida (1747-1736) y numerosos monumentos históricos se remontan a esta época.
Como destino de peregrinación, Mashhad es el lugar de la muerte (que muchos consideran martirio) del Imam Reza, el octavo Imam chií, que murió asesinado aquí en el año 818. Mashhad “lugar de martirio” fue el nombre que se le dio a su tumba.
La población de la ciudad aumentó notablemente en la década de 1980, cuando los refugiados huyeron hacia el este durante la guerra entre Irán e Irak.
Mashhad está considerada como una de las ciudades más sagradas de Irán con su hermoso, enorme y siempre cambiante santuario Imam Reza.
El Complejo Santuario de Imam Reza se ha desarrollado en el lugar de la tumba del Imam octavo, en lo que fue en el momento de su muerte en 818 el pueblo de Sanabad. En el siglo X, la ciudad adquirió el nombra Mashhad “lugar de martirio” (utilizado por cualquier entierro de un mártir musulmán) y se convirtió en el lugar más sagrado de Persia.
Muy relevante y digno de visitarse es el mausoleo Khaje Rabi, situado en mitad de un bello y tranquilo jardín. Fue erigido en el siglo XVII y se considera una de las construcciones más importantes de Shah Abbas I.
Siguiendo este recorrido por algunas de las ciudades más importantes en esta ruta persa, no deben omitirse enclaves como Hamedan (a 400 kilómetros de Teherán); Ahvaz, capital de la provincia de Khuzestán; y finalmente Tabriz, la cuarta mayor ciudad del país y una de las capitales históricas. 
Refiriéndose a las ruinas de la antigua Persépolis y otras muchas ciudades, muchos son los expertos que han coincidido en afirmar que nunca en la antigüedad, el arte había dado muestras de tal audacia.

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LAS BARRANCAS DEL COBRE




También denominadas El Cañón del Cobre, son el sistema conformado por siete barrancas y están localizadas en la sierra de Tarahumara, en el noroeste del estado mexicano de Chihuahua. Este sistema de cañones es cuatro veces más grandes en extensión (60.000 metros cuadrados) y casi dos veces mayor en profundidad que el Gran Cañón del Colorado en Arizona (USA).
La Barrancas del Cobre es el hogar de los indígenas rarámuris o tarahumaras.
La zona está atravesada por la ruta de tren Chihuahua al Pacífico, conocido como “el Chepe”. En el tramo Divisadero-Los Mochis, este tren se interna en la montaña para atravesar la agreste geografía, pasa junto a enormes acantilados, cruza hasta 86 impresionantes túneles cortos y largos y 37 espectaculares puentes que libran caudalosos ríos. Este es un importante sistema de transporte y un atractivo turístico realmente impresionante.
En la actualidad puede llegarse por carretera desde la ciudad de Chihuahua, aproximadamente en cinco horas, y penetrar en las barrancas por caminos rurales. Sobrevolarla en helicóptero resulta una experiencia sobrecogedora y magnifica.

HISTORIA
El cañón, habitualmente es el refugio de los rarámuris y tarahumaras. Los indígenas han hecho de las barrancas su hogar durante siglos, y sus vidas se entrelazan con las montañas. Al vivir en esta región remota, han preservado sus costumbres ancestrales. Son famosos por su resistencia física en carreras de larga distancia, no en balde se les conoce por correr durante horas. Algunas de estas comunidades reciben fondos gubernamentales para construir caminos, restaurantes y hoteles, y están abiertas para recibir a los visitantes; otras prefieren vivir en áreas tan alejadas como sea posible de la vida urbana.
Cuenta la leyenda que las barrancas de la sierra de Tarahumara se formaron durante la creación del mundo, cuando las piedras aún no cuajaban y eran maleables. La metáfora se refiere a un suceso tectónico que hace más de veinte millones de años dio origen a esta espectacular red de cañones,
El sistema debe su nombre a una cañada famosa por sus minas de cobre, pero son muchas las que suceden a lo largo de 600 kilómetros.
Entre las barrancas más importantes se cuentan: Urique, la más profunda de México (1.879 metros); La Sinforosa, por cuyas laderas caer las cascadas Rosalinda y San Ignacio; Batopilas (declarado Pueblo Mágico en octubre de 2012), donde viven algunas de las comunidades tarahumaras más tradicionales; Candameña, donde se encuentran Piedra Bolada y Baseaseachi, las dos cascadas más altas de México, y la peña El Gigante, una roca de 885 metros de altura; Huapoca, que alberga lugares arqueológicos de la cultura paquimé, y Chinipas, una de las menos conocidas, en cuyo fondo se asienta la misión más antigua de la sierra Tarahumara.

PROFUNDAS CASCADAS
La zona conocida como el Parque Nacional Cascada de Baseaseachi, cuenta con la cascada del mismo nombre y Piedra Volada, con caída de 270 y 500 metros respectivamente. Cuenta la leyenda que Baseaseachi era hija del rey Candameña, que gobernaba la Alta Sierra Tarahumara; ella era muy hermosa y en edad casadera varios hombres la pretendían, por ello su padre solicitaba grandes y difíciles pruebas que ninguna logró con éxito y murieron, resultando que la muchacha inconsolable, en un arrebato de desesperación saltó al vacío. Entonces un brujo de la comunidad convirtió este escenario en la caída de la cascada que puede admirarse en la actualidad.
Se puede encontrar vegetación y animales diversos, hay paseos a pie e incluso hospedaje.

EL TREN CHEPE
La aventura de este ferrocarril que recorre las Barrancas del Cobre comienza en Chihuahua, la capital del estado, y termina en Los Mochis, en el estado vecino de Sinaloa. Atraviesa túneles y la grandiosa Sierra Madre. Pasaron noventa años antes de que el tren Chihuahua al Pacífico (Chepe) pudiera ser completado.
Inaugurada en 1961, la ruta tiene 628 kilómetros de longitud y cruza 39 puentes y 86 túneles. Como cabe suponer, el viaje es sinuoso y largo, de unas 14 horas de duración y ofrece unas vistas impresionantes. Los 64 vagones del ferrocarril están equipados con cómodos asientos, un comedor con servicio completo y comida rápida, aire acondicionado, bar, calefacción y baños ecológicos.
Este ferrocarril es el único que ha sido internacional en su visión desde su concepción. Cruza algunos de los terrenos más escarpados de México, abrazando el borde de montañas y cruzando profundas cañadas y barrancas en sus puentes. El escenario es en verdad impresionante. Esta es una travesía espectacular y realmente vale la pena hacerla, pero debe reservarse con tiempo.
Las estaciones turísticas por las que el tren pasa, partiendo de Chihuahua, son: Cuauhtémoc, Creel, Divisadero, Posada Barrancas, Bauichivo, Témoris, El Fuerte y Los Mochis.
El clima en el recorrido depende de la estación del año. En la parte alta del cañón el clima es alpino, tibio y húmedo en el verano, frío y fresco en el invierno. La temperatura a esta altura es de entre -22ºC y 30ºC. Mientras tanto, en el fondo del cañón el clima es subtropical, caliente y húmedo en el verano y tibio y seco en el invierno. La Temperatura va de entre los -12ºC y 44ºC.

CIUDADES Y PUEBLOS PRÓXIMOS
Algunas de las ciudades cercanas dentro del cañón son:
  • Creel, en cima del cañón y a 2.340 metros de altitud. Es uno de los puntos más altos de la ruta ferroviaria Chepe (San Juanito es más alto). Un punto central de comercio y turismo.
  • Batopilas, un pueblo al lado del río del mismo nombre en el fondo del cañón. Establecido por los españoles en1632 como una mina de plata.
  • Urique
  • Divisadero, un punto de parada en el Chepe que brinda panorámicas maravillosas de tres de los cañones (del Cobre, Urique, Tararecua). El tren Chepe hace una parada para que los viajeros disfruten del paisaje y puedan comprar artesanía tarahumara de la región.
  • Témoris es un pueblo pintoresco, agradable y tranquillo, calificado como “el lugar más impresionante del recorrido del tren Chepe”
Las Barrancas del Cobre debido a su atractivo turístico han sido utilizadas con fines comerciales para promocionar productos diversos.
La vasta y colorida biodiversidad en esta legendaria región de Chihuahua la convierten en el sitio ideal para los amantes de la naturaleza y los ecoturistas. Puede practicarse senderismo en los bosques, acampar, avistar aves o simplemente admirar el contraste de la vegetación a lo largo del camino.
El viajero debe ir preparado antes de viajar dado que en las barrancas el clima varía mucho dependiendo de la zona y, sobre todo, no debe olvidar su cámara fotográfica. El paisaje en las Barrancas del Cobre resulta tan impresionante como maravilloso.

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AJANTA Y ELLORA



ESPLENDOR DEL ARTE BUDISTA E HINDÚ


El arte de la India ha fascinado siempre al mundo, sobre todo el que se ha expresado en piedra. Un símbolo de continuidad que ha recorrido los caminos del tiempo para revelarnos incluso en la actualidad, la magnificencia del artista que lo forjó y los imperios bajo los cuales floreció tanta belleza.
Ajanta y Ellora, en el estado del Maharashtra, son dos de los ejemplos más refinados de este arte.
En la costa occidental de la India, al sur del mítico Gujarat y en ruta hacia Karnataka y Kerala, el estado del Maharashtra se abre al mar arábigo a través de Mumbai (la antigua Bombay), una de las ciudades más abigarradas del mundo y a la vez un amplio calidoscopio de luz, color, sonidos, gentes, costumbres y unos marcados contrastes que terminan por seducir al viajero hasta límites insospechados.
Pese a lo que pueda creerse, el Maharashtra no es sólo su capital, es más, infinitamente más, incluso nos atreveríamos a asegurar que toda esta región que encierra una singular belleza, no tiene absolutamente nada que ver con la legendaria Bombay.
Y es precisamente al adentrarse en su territorio, extasiarse ante sus monumentos y contactar con sus habitantes cuando se van conociendo los auténticos valores que la distinguen. A la hora de tomar un primer punto de referencia, lógicamente hay que hacer hincapié en Aurangabad, una de las ciudades más atractivas, sin por ello olvidar otras como Pune, Nashik, Nagpur o Kolhapur.
Aurangabad se enorgullece de ubicarse en el corazón del Maharashtra y aglutinar una extraordinaria riqueza arquitectónica, como lo demuestran los vestigios mogoles que existen en sus alrededores, aunque a decir verdad es el mausoleo de Bibi ka Maqbara el más visitado, quizá porque se asegura que es una pequeña réplica del Taj Mahal de Agra. Fue construido en memoria de la esposa del emperador mogol Aurangzeb.
El palacio de Sunehri Mahal, el molino de agua de Panchakki y la fortaleza de Daulatabad a sólo unos kilómetros, pueden completar el recorrido, sin dejar a un lado el placer de deambular sin prisa por el entresijo de callejuelas donde se sitúan infinidad de vendedores ambulantes con sus variopintas mercancías. Una auténtica tentación para el occidental ávido de sensaciones. De hecho, cualquier rincón de este fascinante país constituye un verdadero paraíso para efectuar compras.
Aurangabad, aunque importante enclave de la región, cede buena parte de su protagonismo a Ajanta y Ellora, que suelen ser el objetivo fundamental del viajero que hasta aquí llega.

UNA MARCADA INFLUENCIA RELIGIOSA
Resulta en verdad muy difícil poder llegar a comprender los arcanos que siempre envuelven a las religiones, toda la mitología, las creencias, tradiciones y ritos del pueblo indio. Todo ello permanece tan arraigado a sus costumbres, que se ha convertido en su propia forma de vida.
Hinduismo, Budismo y Jainismo, tres de las doctrinas más extendidas en la India, han sido capaces de dejar a través de los siglos un legado de excepción y no sólo de carácter espiritual, sino también manifestándose con obras arquitectónicas que son una muestra fehaciente de la fe y el amor.
Ajanta y Ellora con su viharas (monasterios) y chaityas (santuarios) son un fiel exponente de cuanto antecede. Al contemplar estas maravillas puede incluso resultar una desconsideración llamarlas simplemente “cuevas o grutas”, cuando en realidad se trata de una manifestación artística en grado superlativo, la explosión de un arte milenario, algo de tal magnitud que resulta incomparable, máxime teniendo en cuenta que quienes levantaron estos templos excavados en las rocas lo hicieron hace infinidad de siglos y, por supuesto, con medios rudimentarios y primitivos.

EL BUDISMO EN AJANTA
En Ajanta, a un centenar de kilómetros de Aurangabad, los templos son fundamentalmente budistas.
Quizá el éxito de su buena conservación radique en que siempre permanecieron muy escondidos entre montañas.
Sidartha Gautama, el Iluminado o Buda, como se prefiera, nació en Lumbini, en la región nepalí del Terai, a los pies del Himalaya. Hijo de reyes, abandonó su familia y todo tipo de ostentación y prebendas para recorrer la Tierra, meditar profundizando en la práctica de la negación de los sentidos, consigna básica de su doctrina, y vivir en el más estricto ascetismo hasta su muerte. Tras su desaparición, Ananda, el discípulo preferido, junto con otros seguidores, tuvieron la necesidad de ir transmitiendo la doctrina a monjes y ascetas, que era la mejor forma de hacer llegar al pueblo las enseñanzas de su maestro. Fueron entonces los artistas quienes se encargaron de ir representando en pinturas, relieves y esculturas, buena parte del legado budista, la epopeya terrenal de Buda, aunque él estuviera en contra de este tipo de simbolismos.
En Ajanta se conserva todo un compendio de esta obra con frescos, murales y templos de un extraordinario valor.
Resulta curioso el hecho de que Buda desarrollara toda su vida en la India y, sin embargo, el budismo, donde tiene más adictos es precisamente fuera de la península indostánica, en el resto de Asia, y con el transcurso de los siglos se ha extendido por todo el mundo.
Para experimentar el maravilloso trabajo de los artistas, se recomienda la cueva número uno, un monasterio del siglo VI. La gran cantidad y calidad de pinturas que ofrece la superficie de la piedra deja como hechizado a quien la contempla. La suavidad del contorno de las figuras y la gran expresividad de las manos ofrece una sensación de vida impresionante.
Una obra de arte memorable que se encuentra en la profundidad de la roca tallada es el Bodhisattva Padmapani. Sostiene un loto azul en la mano y se encuentra en la postura llamada tribhanga, en recogimiento espiritual. Su expresión de sosiego y tranquilidad la aumentan las figuras y el silencio que proviene de todos los rincones. Las pinturas parecen estar rodeadas de un hálito de luz celeste a donde no llegan las sombras. Esta es una característica de todas las pinturas de Ajanta, que, en parte, procede de la técnica que utilizaron los artistas.
Algunas de estas bellas joyas arquitectónicas de origen budista, tanto las existentes en Ajanta, como buena parte de las de Ellora, y las de la isla Elephanta (a una hora de navegación desde Mumbai) se cree que fueron ejecutadas durante la dinastía Vakataka, en los siglos III al VI.

LAS MARAVILLAS DE ELLORA
En Ellora, a una treintena de kilómetros de Aurangabad, existen templos extraordinarios en los que, lógicamente, los dioses allí representados son la auténtica razón de ser de los mismos.
La obra maestra de Ellora es, sin lugar a ningún género de dudas, el templo de Kailasanath. Una estructura monolítica, la más grande del mundo según se cree, realizada con una técnica sublime. Se concibió en forma de montaña porque el templo estaba destinado a ser la “montaña sagrada” donde reside Lord Shiva, uno de los dioses de la trinidad hindú, compuesta por el propio Shiva (el Destructor), Brahma (el Creador) y Vishnú (el Preservador). A la deidad Shiva también se la conoce como la fuente de la regeneración. Para simular los picos nevados del lejano Himalaya, su morada, los shikharas (tejados en forma curvilínea) del templo Kailasanath se recubrieron con estuco blanco. Su construcción se llevó a cabo en los siglos VIII al X bajo la dinastía de los Rastrakuta y, mientras en su interior se aprecian esculturas dedicadas a otros dioses como Vishnú, Nandi Ganga, Yamuna, Garuda, etc. en las distintas galerías de este templo predomina la reproducción de diferentes epopeyas y escenas mitológicas en las cuales aparecen Shiva y su esposa Parvati, en lucha con el demonio Ravana. Esta batalla legendaria es el tema del gran poema épico del Ramayana.
Donde mejor se aprecia la influencia budista en la herencia cultural de Ellora es en la cueva número diez, uno de los doce templos budistas que se excavaron entre los años 350 y 700 d.C.
La faceta característica del arte escultórico budista es el templo de tres pisos. Además de ser lugar de oración, tienen celdas para los monjes residentes y otras que se utilizaban para los peregrinos. La mencionada cueva número doce es impresionante porque tiene estatuas de Buda en los tres pisos, los dos últimos tienen siete Budas en fila. La razón de este número estriba en la creencia según la cual el propio Buda visita la Tierra cada cinco mil años, habiéndola visitado ya siete veces.

JAINISMO: EL CAMINO DE LA PERFECCIÓN
El Jainismo también ha contribuido y de forma amplia al enriquecimiento de la cultura india.
Aunque nacido con anterioridad, Mahavira “el gran héroe”, siguió una vida muy similar a la de Buda, basando sus principios en el hecho de que cada individuo es un alma independiente y desestima la visión de un dios personal. La fe, el conocimiento y la conducta correcta son, asimismo, tres pilares de esta religión en la que el control y dominio de sí mismo resulta fundamental, de hecho jaín significa dominador.
Estos elementales apuntes ya dan de alguna manera a entender que con esta doctrina jainista se logra un perfeccionismo tan extremo que se puede alcanzar el límite de lo sublime.
En Ellora se conserva el templo de Indrasabha, de origen jaín por su fachada y galería superior, así como diferentes esculturas con profusa ornamentación, aunque posiblemente sin superar la exquisita belleza de otros templos como los que se ubican en el Monte Abu o Palitana, por citar dos ejemplos.

ALREDEDORES DE AURANGABAD
Siguiendo a través del Maharashtra y después de haber visitado Aurangabad, Ajanta y Ellora, hay que dejar constancia de otros enclaves de interés como Nagpur, la ciudad santa de Nashik, muy venerada por los hindúes y con infinidad de templos, además de Pune, donde se asegura que surgió el primer movimiento independentista indio… Y para quienes prefieran completar el viaje con una estancia en las playas, nada mejor que hacerlo en Murud o Kihim, dejando como capítulo final experimentar el auténtico impacto que supone penetrar en Mumbai, porque Mumbai es realmente una historia por completo distinta
Resulta una experiencia apasionante penetrar en el interior de las cuevas y templos de Ajanta y Ellora y permanecer rodeados de tal magnificencia pictórica y escultórica, en medio de un silencio que transpira misticismo y religiosidad. Es como sentirse trasladado en el tiempo y el espacio, y vivir intensamente otro mundo en el éxtasis, aproximándose al conocimiento de las divinidades Vishnú, Brahma, Krishna, Shiva, Buda....
El Maharashtra, quizás menos conocido que otros estados de este país donde aún hoy la fantasía sigue siendo superior a la propia realidad, tiene sus peculiares características. En la India todos sus estados y regiones son diferentes, pero coexisten y se fusionan unos con otros para dar origen a un armonioso, complicado y fascinante laberinto que sigue siendo de muy difícil comprensión para la mentalidad occidental. Muy posiblemente en ello radique precisamente el misterio que convierte a éste país en poseedor de la auténtica magia de Oriente.

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