LA JUDERÍA DE TOLEDO


                                                               (1ª PARTE)
 

Plazuelas silenciosas, íntimas, sólidos palacios, callejas estrechas y empinadas que se entrecruzan formando un verdadero laberinto. En las portadas, numerosos escudos y remates, arrabales cautivadores y milenarios. El atractivo de la judería de Toledo se apoya en gran parte en que todos sus rincones ponen una nota de magia poética.
Algo de fortaleza, de altivez, de melancolía, de plenitud y a la vez de misticismo. Olorosa a retama y a incienso… Recorrer la que llegó a ser el corazón de la España judía produce una honda emoción en la que han quedado prendidos todos cuantos hasta ella han llegado.
Conocedores de ambientes y sabedores de melancolías han creído encontrar a través de portones y rejas las siluetas de hidalgos y villanos. La judería de Toledo guarda a través de los siglos ecos de hechizo y misterio, y por sus rincones silenciosos parecen escucharse los ecos de todos los personajes que han forjado su leyenda
Mientras, cerca del lugar remansan las aguas del Tajo en cárdenos atardeceres de la vega y en alamedas rumorosas.
Numerosos manuscritos han dejado testimonio de su importancia y de ahí que muchos recorran sus intrincadas callejuelas en busca de las huellas de una historia donde pasado y presente se funden en un tiempo sin medida.

LOS JUDÍOS EN ESPAÑA
A través de los siglos, muchas son las leyendas  que se han formado sobre la llegada de los judíos a España. Según ellas, los primeros habrían llegado en la época del rey Salomón aprovechando los viajes de los fenicios, o bien cuando Nabucodonosor deportó a la población del reino de Judá. Cabe dentro de lo posible que en esas ocasiones vinieran a la Península Ibérica algunas familias judías aisladas, pero los datos históricos más fehacientes indican que la aparición de judíos en nuestro país, en número importante y en forma más o menos organizada, se produjera en los siglos I y II de nuestra Era, cuando los romanos deportaron a los judíos de Palestina.
Las primeras comunidades judías se asentaron en la costa mediterránea y luego poco a poco se fueron extendiendo por el resto de la Península. En el siglo IV, según los cánones de un concilio celebrado en Elvira y otros datos disponibles, la población judía era ya muy numerosa y se dedicaba de forma fundamental a la agricultura. Para fines del Imperio romano puede afirmarse que las comunidades judías estaban ya plenamente consolidadas en España y muy asentadas en esta tierra. En ésa época, una determinada exégesis del versículo 21 del profeta Abdías, que habla de los desterrados de Jerusalén que están en Sefarad identificaba a ésta con Hispania y desde entonces para el judaísmo España es Sefarad -así se denomina nuestro país en lengua hebrea- y los sefardíes forman un grupo concreto dentro de los judíos, diferenciándose en algunas cosas de otros grupos, fundamentalmente de los asquenazíes o judíos centroeuropeos.
Mientras duró el Imperio romano los judíos no tuvieron en España mayores problemas que en otros países. Lo mismo ocurrió con el reino visigodo en tanto éste fue oficialmente arriano, pero todo cambió a partir de la conversión de Recaredo a la religión católica en el año 586. Desde entonces los reyes visigodos buscaron la unidad religiosa de su reino bajo la fe católica y comenzaron a perseguir a los judíos y hacerles la vida imposible. Durante más de cien años, las leyes visigodas les fueron adversas, haciéndolos objeto de toda clase de vejaciones y humillaciones, incluso el rey Egica llegó a ordenar que fueran reducidos a esclavitud perpetua.

ESPAÑA MUSULMANA
La invasión de los árabes en el año 711 supuso una liberación para los judíos, que pronto se pusieron al servicio de los nuevos gobernantes. Para los musulmanes, el judaísmo al igual que el cristianismo, era una religión tolerada, de ahí que en términos generales permitieran a los judíos vivir libremente sin más que pagar un impuesto especial. Además, los invasores eran pocos en número, por lo que se veían obligados a confiar en aquellos grupos que podían serles fieles, como era el caso de los judíos. Éstos, por su parte, se adaptaron enseguida al nuevo Estado y empezaron a ocuparse de aquellos oficios que para los árabes eran de segunda categoría, pero que podían ser muy lucrativos, como el comercio y el funcionariado administrativo.
A partir del Califato de Córdoba (siglo X) comenzó la gran época de los judíos españoles que alcanzaron en la España musulmana -califato y reinos de taifas- durante los siglos X y XI el mayor bienestar y nivel cultural que hayan alcanzado los judíos fuera de Israel hasta el siglo XVIII.
La situación empezó a cambiar con la llegada de los almorávides, más intransigentes con las religiones que no fueran la islámica. Sin embargo, y después de unos malos y primeros momentos, los judíos lograron rehacerse y gozar de un relativo bienestar en la España musulmana hasta mediados del siglo XII. Pero en 1140 llegaron los almohades, mucho más radicales en materia religiosa y exigieron la conversión al Islam de los no musulmanes. En pocos años, los judíos huyeron en masa hacia la España cristiana.

ESPAÑA CRISTIANA
Mientras en la España musulmana los judíos alcanzaban el grado de bienestar y cultura que se ha visto en los pequeños reinos cristianos del norte, existían unas cuantas juderías dispersas y por lo general pequeñas.
A fines del siglo XI y comienzos del XII la Reconquista cristiana consiguió avances considerables. Alfonso VI conquistó Toledo, y Aragón y Cataluña incluyeron en sus territorios el valle del Ebro. De este modo, importantes masas de población judía pasaron a ser súbditos de los reyes cristianos. Además, esa población se incrementó con los millares de judíos que huían de los almohades a causa de su fanatismo religioso.
Los reyes echaron mano entonces de todos los recursos a su alcance, también de los judíos. Muchos de estos, sobre todo los que venían de la España musulmana, eran expertos en tareas administrativas, y así consiguieron introducirse en los cargos públicos, especialmente en la recaudación de impuestos. También la medicina y el conocimiento del árabe les sirvió a los judíos para acceder a la corte, muchos incluso llegaron a hacer fortuna y se convirtieron en financieros de los reinos de Castilla y Aragón. A mediados del siglo XIII, toda la Península a excepción del reino de Granada era ya cristiana. Aquella fue la mejor época de los judíos, especialmente durante los reinados de Alfonso X y Jaime I. Toledo se convirtió entonces en un importantísimo centro de vida judía y allí vivían los grandes rabinos, literatos, financieros y hombres de Estado.

TOLEDO, CAPITAL DE SEFARAD
Sin lugar a ningún género de dudas, Toledo ocupa un lugar de privilegio en la historia judía. La más importante de las ciudades del reino de Castilla era, al mismo tiempo, la capital de Sefarad (España judía) y para los sefardíes repartidos por todo el ancho mundo se convirtió en el símbolo de un glorioso pasado en España. Pero no fue sólo su simbolismo histórico lo que le confirió una singular importancia en la vida judía. En la actualidad sigue siendo una ciudad de extraordinario relieve en el judaísmo universal, merced a la conservación de su esplendido barrio judío y de sus magníficas sinagogas, que son indudablemente algunas de las más antiguas del mundo y de una belleza incomparable.
En conjunto, el barrio judío se mantiene en gran medida tal y como era en época medieval, y muchas de sus calles, especialmente los callejones cortos, pero también algunas principales, como las del Ángel, conservan bien su estructura original. Las mayores transformaciones se han debido a la apertura de calles más anchas como la de los Reyes Católicos o el paseo del Tránsito con su jardín, y a la construcción de grandes edificios, como la iglesia de San Juan de los Reyes o la Escuela de Bellas Artes, que cambiaron radicalmente lo que era un entramado de calles estrechas y callejuelas.
En un recorrido a través del barrio de la judería toledana, partiendo de la Puerta del Cambrón se toma enseguida a la derecha la calle Alamillos de San Martín que baja hacia el río Tajo; a mitad de esta calle y en sus aledaños el visitante se encuentra en el corazón de lo que fue, primero el núcleo primitivo de la judería, y más tarde un núcleo muy habitado, que se llamó Degolladero. Recibía este nombre porque en él estaba la carnicería-matadero de los judíos, el lugar -donde se degollaban las aves y las reses-, que se hallaba encima del puente de San Martín, teniendo a su vera un horno de cocer pan. En este barrio se encontraban los castillos viejo y nuevo de los judíos. El primero situado en lo que ahora es el jardín privado de los franciscanos de San Juan de los Reyes, mientras que del nuevo, que se construyó en el reinado de Alfonso X, no se ha podido precisar su localización, aunque se sabe que estaba cerca del anterior, más próximo al río. También por esta zona existía una sinagoga que recibió el nombre de Almaliquim (probablemente en este amplio barrio del Degolladero había más de una). Una vez que se ha bajado la calle Alamillos de San Martín, se gira a la izquierda por la Bajada e San Juan de los Reyes y se sigue por Santa Ana. En esa zona se pueden apreciar interesantes y consistentes restos de la muralla que rodeaba el barrio por la zona del río.
Se sale del barrio del Degolladero ascendiendo por la calle de Santa Ana hasta llegar a la plaza de Barrio Nuevo. El visitante se encuentra entonces en lo que era el centro vital de la judería, la zona más animada.

                                                                                                                 Continuará

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A TRAVÉS DE LA ANTIGUA PERSIA



En el año 559 a.C. asumió el trono de Persia Ciro II de la dinastía aqueménida. Hasta ese momento los persas eran nominalmente súbditos de los medos. Con Ciro esto cambió, puesto que independizó al país y lanzó a continuación una guerra de conquista contra sus antiguos amos.
A pesar de haberlos derrotado, Ciro les permitió seguir ocupando cargos y mantener cierta autonomía. Luego se dedicó a conquistar las zonas del Asia Central y la frontera con la India, donde se fundaron ciudades y se construyeron fortificaciones para proteger el Imperio frente a los ataques de los nómadas del Asia Central. A continuación, las fuerzas persas pasaron a la ofensiva en Asia Menor y subyugaron el reino de Lidia, cuyo rey era el famoso Creso. Esta zona junto con Jonia estaba poblada por griegos o tenía influencia griega, lo que hizo que la población fuera levantisca.
Después de un periodo sin guerras, los persas atacaron Babilonia, apoderándose además de toda la Mesopotamia, Siria y Palestina. Los persas liberaron a los israelitas de su cautiverio en Babilonia y en muchas zonas fueron recibidos como libertadores. Luego de estas campañas falleció Ciro II y le sucedió en el trono Cambises, que conquistó Egipto, pero los egipcios nunca aceptaron el dominio persa, por lo que eran frecuentes las conspiraciones y los alzamientos. En varias oportunidades se sublevaron, logrando recuperar su independencia por algún tiempo.
También las zonas griegas del Asia Menor se sublevaron entre el 499 y el 494 a.C. con ayuda de los griegos de Europa, especialmente de Atenas, lo que llevó a los persas a tratar de eliminar la amenaza griega en dos oportunidades, fracasando estrepitosamente.
A partir de la derrota en Grecia, los griegos con sus recursos limitados pasaron a la ofensiva, atacando en algunos puntos o apoyando a los revoltosos en otros, sin dañar demasiado al Imperio aqueménida. Los persas hábilmente promovieron la rivalidad entre Atenas y Esparta.
Los persas llegaron a ocupar territorios desde el norte de Grecia hasta el río Indo y el Amu Daria, incluyendo Tracia, Egipto, Oriente Medio, Asia Menor y el Cáucaso.
Desde Ciro II hasta Artajerjes I fueron los grandes líderes del Imperio persa, que al final sucumbió ante el macedonio Alejandro Magno, pero los persas dejaron para la eternidad increíbles ciudades, fortificaciones y otros monumentos como muestra de su interesante cultura. 

ISFAHÁN : LA JOYA DE IRÁN
Isfahán es una de las ciudades históricas más importantes, además de la tercera mayor urbe del país. Sus orígenes se remontan a más de 2.700 años, cuando era un emplazamiento judío. Fue saqueada por los ejércitos musulmanes en el año 640, posteriormente por los mongoles en 1241 y más tarde por Timur.
El esplendor de Isfahán llegó durante la reconstrucción por parte del monarca safávida Shah Abbas I, quien trasladó aquí su capital en 1591. Entre los monumentos de este periodo figuran palacios, grandes mezquitas, minaretes, puentes cubiertos y caravansares, muchos de los cuales están considerados como obras maestras del arte islámico en la actualidad. Tras la derrocamiento de los safávidas, la ciudad entró en decadencia cuando los qajar trasladaron la capital a Teherán.
Isfahán tiene una larga tradición de fabricación de alfombras de gran calidad y de artesanía de plata. Su impresionante arquitectura, sus avenidas flanqueadas por árboles y el ritmo de vida relajado que se respira en ella, la convierten en una ciudad de visita ineludible.
La Mezquita del Viernes es un edificio que muestra un esquema clásico. Sus elementos más característicos son sus dos cúpulas, ambas del siglo XV. La de los Viernes original del siglo XI, fue epicentro ciudadano y ha sufrido modificaciones distintas que la transforman en un observatorio de la evolución de la arquitectura religiosa del país. Tiene un inmenso patio, con su estanque de mármol y un viejo vestíbulo, además de un bosque de columnas que data del año 1088.
Mezquita Sheik Lotfollah. El monarca Shah Abbas I ordenó la construcción de una pequeña mezquita en la plaza del Imam. La fachada es interesante y su interior notabilísimo. Es de 1602 y significa una auténtica joya de diseño. Los colores azul turquesa y rosa sobre fondos amarillos dominan la fachada. No cuenta con un gran patio ni minaretes. Más que una gran mezquita se trata de un oratorio familiar. Entre la belleza decorativa hay que situar los mosaicos y estalactitas de un mihrab, que le dan una visión original. Todo en el edificio respira sosiego y paz espiritual.
Mezquita del Imam. Se trata de una obra maestra de la arquitectura. Antiguamente se la llamaba mezquita real. Fue construida entre 1612 y 1638. El refinamiento de su decoración es magistral y muestra la plenitud de su policromía safávida. La mayor parte del edificio está cubierta por azulejos esmaltados, en los que se reitera la poética admiración persa hacia las flores. La cúpula es notable por su colorido y elegancia decorativa. Los minaretes que la flanquean alcanzan los 40 metros de altura, en tanto que los del santuario llegan hasta los 54 metros.
Los minaretes oscilantes. Es una obra sencilla, aparentemente con una característica extraña y aun inexplicada por las leyes físicas. El minarete se puede agitar desde dentro, generándose una vibración que se transmite a la otra torrecilla, en medio de cierto pánico de los visitantes que piensan que la edificación puede doblarse en cualquier momento. Estos sencillos minaretes están al lado de la tumba de Abe Abdullah, más conocido como Menar Yomban, y se hallan a seis kilómetros al este de la ciudad de Isfahán.
Catedral Vank. Este es el templo de los cristianos armenios en Irán. Se trata de una obra primitiva, pero llena de sabor y arcaísmo. Data del año 1655 y es un compendio en el que se sintetizan conceptos cristianos armenios con el arte de las mezquitas del periodo safávida. Cuenta con un museo en su interior.
La grandiosa plaza del Imam es rectangular y en 1979 mereció ser catalogada como bien cultural del Patrimonio de la Humanidad, honor que en Irán tienen el zigurat de Chogha Zanbil y Persépolis. La plaza mide algo más de medio kilómetros de largo por 165 metros de ancho, lo que la sitúa como una de las mayores del mundo. Data de 1612 y se encuentra perfectamente urbanizada, siguiendo una planificación muy original.
Los monarcas safávidas utilizaban la plaza como campo de polo. En torno a ella se alinean varios de los edificios más representativos de la ciudad. Sus 8.000 metros cuadrados (el doble que la plaza Roja de Moscú, por ejemplo), la transforman en un centro múltiple donde antaño se hallaban charlatanes, poetas y predicadores. Hoy su público está más bien guiado por el recreo y la compra de todo tipo de artículos.
Palacio Ali Ghapu. Este gran edificio de Isfahán data del siglo XVII y es, sin duda, una obra maestra del periodo safávida. Tiene seis pisos y alcanza una altura de 48 metros. Cada planta posee un estilo de decoración propio, destacando la riqueza decorativa, escayola, mosaico y madera. El amplio vestíbulo de recepción tiene capacidad para unas doscientas personas y está delicadamente decorado con relieves policromados. Las habitaciones tienen muchos elementos de interés en los detalles de acabados y dibujos. Desde este palacio se tienen excelentes vistas hacia la plaza del Imam.
Palacio Hasht Best. El nombre de este palacio significa “los ocho del paraíso”. Se trata de una obra de planta octogonal, cuatro lados largos y cuatro chaflanes cortos. Tiene dos pisos. El palacio fue construido en 1669 en tiempos del Sha Soleiman.
Palacio Chehel Sofun. Fue construido por el Sha Abbas II en el año 1667, en el final del periodo safávida. Se trata de uno de los mejores exponentes de la arquitectura real persa. Era el lugar de recepción de las delegaciones extranjeras. Sus veinte columnas revestidas con espejos y metales, y sus murales históricos son elementos de mucho interés.
El Gran Bazar de Isfahán es de visita obligada. En él se aprecia la vida de la ciudad, sus colores, sus olores, sus trasiegos constantes. Goza de renombre por ser uno de los mejores de Oriente y está situado junto a la plaza Queisareh.
Destaca por su artesanía en oro y plata, esmaltes, alfombras, marroquinería, antigüedades, pinturas en miniatura y objetos de incrustación. Resulta un espectáculo contemplar el ir y venir de la gente y el ambiente que generan. El recorrido por el bazar, desde la plaza del Imam hasta la Mezquita del Viernes puede alcanzar los cinco kilómetros, con patios y callejones llenos de ambientes por completo distintos.
Existen bellos puentes en Isfahan y cabe destacar el de Si-o-Seh Pol que tiene 33 arcos y fue construido por orden del Sha Abbas I en 1602. Es uno de los símbolos de Isfahán. El puente Khaju data de 1650 y tiene 132 metros de largo. En el piso inferior existe una curiosa casa de té, al lado mismo de la corriente del Zayandehrud.

KASHAN
Es una ciudad de la provincia de Isfahán. La etimología de su nombre viene de la palabra persa Kshi, que significa azulejo. Kashan es la primera de una serie de grandes oasis a lo largo de la carretera que va de Qom a Kermán, por el borde de los desiertos centrales de Irán. Su encanto se debe principalmente al contraste entre las inmensidades resecas del desierto y el verdor del oasis.
Los descubrimientos arqueológicos en las colinas de Sialk que quedan a unos cuatro kilómetros al oeste de la ciudad y revelan que esta región fue uno de los primeros centros de civilización en la época prehistórica. Por lo tanto, Kashan se remonta al periodo elamita de Irán. El zigurat del Sialk aún permanece en pie en la actualidad en los suburbios de Kashan, después de 7.000 años.
Los objetos descubiertos en Sialk se encuentran en el museo del Louvre de París, en el museo metropolitano de Nueva York y en el Museo Nacional de Irán. Según algunos relatos, Kashan sería el origen de los Reyes Magos que siguieron la estrella que los guió hasta Belén para testimoniar el nacimiento de Jesús, tal y como se dice en los Evangelios cristianos. Con independencia de la validez histórica de tal aseveración, la atribución de Kashan como lugar del que serían originarios, acredita el prestigio de la ciudad en la época en que se comenzó a narrar la historia.
El sultán Malik Shah I de la dinastía selyúcida ordenó la construcción de una fortaleza en medio de Kashan en el siglo XI. Las paredes de la fortaleza, llamada Ghaleh Jalai, aún permanecen en pie.
A destacar el bazar de Kashan. Es un gran mercado situado en el centro de la ciudad. Se supone que fue construido en la época de los safávidas. Una parte que se llama Timche-ye Amín-al-Dowleh es peculiar por su arquitectura. En ella, en 1800 se construyó un gran pozo.
En la actualidad el bazar está en pleno funcionamiento y aparte del mercado, el complejo tiene mezquitas, cementerios, caravansares, galerías, baños y depósitos de agua. Cada monumento se construyó en dinastías y épocas diferentes.
Mezquita de Mir Mahmud. En una mequita antigua que está a la salida de la plaza Meydan-e-Feyz y fue construida por el ministerio Hodja Emad-e-ddin Mahmud. Sobre todo es peculiar la entrada a la mezquita. En el interior se sitúa el patio que tiene un pequeño estanque. La cátedra de la mezquita está cubierta con adornos esmaltados y en las paredes sobre las piezas de piedra están tallados los nombres de los gobernantes iraníes.
Merecen también una detallada visita en Kashan el caravanserai Amin al Dowleh; la mezquita y el mausoleo de Agha Bozorg; la casa familiar de Ameri; la casa de Abbasi y la de Tabatabai; los jardines Fin; los yacimientos Tappeh Sialk y el zigurat Sialk.

MASHHAD
Es la segunda mayor ciudad del país y el destino de peregrinación más importante, ya que recibe a más de doce millones de visitantes cada año. En la antigüedad, la provincia de Khorasán englobaba áreas de Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, y ha destacado históricamente como centro del arte y de la erudición. También es cuna de muchos grandes poetas y escritores iraníes. La historia reciente de esta zona está asociada a la dinastía afsárida (1747-1736) y numerosos monumentos históricos se remontan a esta época.
Como destino de peregrinación, Mashhad es el lugar de la muerte (que muchos consideran martirio) del Imam Reza, el octavo Imam chií, que murió asesinado aquí en el año 818. Mashhad “lugar de martirio” fue el nombre que se le dio a su tumba.
La población de la ciudad aumentó notablemente en la década de 1980, cuando los refugiados huyeron hacia el este durante la guerra entre Irán e Irak.
Mashhad está considerada como una de las ciudades más sagradas de Irán con su hermoso, enorme y siempre cambiante santuario Imam Reza.
El Complejo Santuario de Imam Reza se ha desarrollado en el lugar de la tumba del Imam octavo, en lo que fue en el momento de su muerte en 818 el pueblo de Sanabad. En el siglo X, la ciudad adquirió el nombra Mashhad “lugar de martirio” (utilizado por cualquier entierro de un mártir musulmán) y se convirtió en el lugar más sagrado de Persia.
Muy relevante y digno de visitarse es el mausoleo Khaje Rabi, situado en mitad de un bello y tranquilo jardín. Fue erigido en el siglo XVII y se considera una de las construcciones más importantes de Shah Abbas I.
Siguiendo este recorrido por algunas de las ciudades más importantes en esta ruta persa, no deben omitirse enclaves como Hamedan (a 400 kilómetros de Teherán); Ahvaz, capital de la provincia de Khuzestán; y finalmente Tabriz, la cuarta mayor ciudad del país y una de las capitales históricas. 
Refiriéndose a las ruinas de la antigua Persépolis y otras muchas ciudades, muchos son los expertos que han coincidido en afirmar que nunca en la antigüedad, el arte había dado muestras de tal audacia.

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LAS BARRANCAS DEL COBRE




También denominadas El Cañón del Cobre, son el sistema conformado por siete barrancas y están localizadas en la sierra de Tarahumara, en el noroeste del estado mexicano de Chihuahua. Este sistema de cañones es cuatro veces más grandes en extensión (60.000 metros cuadrados) y casi dos veces mayor en profundidad que el Gran Cañón del Colorado en Arizona (USA).
La Barrancas del Cobre es el hogar de los indígenas rarámuris o tarahumaras.
La zona está atravesada por la ruta de tren Chihuahua al Pacífico, conocido como “el Chepe”. En el tramo Divisadero-Los Mochis, este tren se interna en la montaña para atravesar la agreste geografía, pasa junto a enormes acantilados, cruza hasta 86 impresionantes túneles cortos y largos y 37 espectaculares puentes que libran caudalosos ríos. Este es un importante sistema de transporte y un atractivo turístico realmente impresionante.
En la actualidad puede llegarse por carretera desde la ciudad de Chihuahua, aproximadamente en cinco horas, y penetrar en las barrancas por caminos rurales. Sobrevolarla en helicóptero resulta una experiencia sobrecogedora y magnifica.

HISTORIA
El cañón, habitualmente es el refugio de los rarámuris y tarahumaras. Los indígenas han hecho de las barrancas su hogar durante siglos, y sus vidas se entrelazan con las montañas. Al vivir en esta región remota, han preservado sus costumbres ancestrales. Son famosos por su resistencia física en carreras de larga distancia, no en balde se les conoce por correr durante horas. Algunas de estas comunidades reciben fondos gubernamentales para construir caminos, restaurantes y hoteles, y están abiertas para recibir a los visitantes; otras prefieren vivir en áreas tan alejadas como sea posible de la vida urbana.
Cuenta la leyenda que las barrancas de la sierra de Tarahumara se formaron durante la creación del mundo, cuando las piedras aún no cuajaban y eran maleables. La metáfora se refiere a un suceso tectónico que hace más de veinte millones de años dio origen a esta espectacular red de cañones,
El sistema debe su nombre a una cañada famosa por sus minas de cobre, pero son muchas las que suceden a lo largo de 600 kilómetros.
Entre las barrancas más importantes se cuentan: Urique, la más profunda de México (1.879 metros); La Sinforosa, por cuyas laderas caer las cascadas Rosalinda y San Ignacio; Batopilas (declarado Pueblo Mágico en octubre de 2012), donde viven algunas de las comunidades tarahumaras más tradicionales; Candameña, donde se encuentran Piedra Bolada y Baseaseachi, las dos cascadas más altas de México, y la peña El Gigante, una roca de 885 metros de altura; Huapoca, que alberga lugares arqueológicos de la cultura paquimé, y Chinipas, una de las menos conocidas, en cuyo fondo se asienta la misión más antigua de la sierra Tarahumara.

PROFUNDAS CASCADAS
La zona conocida como el Parque Nacional Cascada de Baseaseachi, cuenta con la cascada del mismo nombre y Piedra Volada, con caída de 270 y 500 metros respectivamente. Cuenta la leyenda que Baseaseachi era hija del rey Candameña, que gobernaba la Alta Sierra Tarahumara; ella era muy hermosa y en edad casadera varios hombres la pretendían, por ello su padre solicitaba grandes y difíciles pruebas que ninguna logró con éxito y murieron, resultando que la muchacha inconsolable, en un arrebato de desesperación saltó al vacío. Entonces un brujo de la comunidad convirtió este escenario en la caída de la cascada que puede admirarse en la actualidad.
Se puede encontrar vegetación y animales diversos, hay paseos a pie e incluso hospedaje.

EL TREN CHEPE
La aventura de este ferrocarril que recorre las Barrancas del Cobre comienza en Chihuahua, la capital del estado, y termina en Los Mochis, en el estado vecino de Sinaloa. Atraviesa túneles y la grandiosa Sierra Madre. Pasaron noventa años antes de que el tren Chihuahua al Pacífico (Chepe) pudiera ser completado.
Inaugurada en 1961, la ruta tiene 628 kilómetros de longitud y cruza 39 puentes y 86 túneles. Como cabe suponer, el viaje es sinuoso y largo, de unas 14 horas de duración y ofrece unas vistas impresionantes. Los 64 vagones del ferrocarril están equipados con cómodos asientos, un comedor con servicio completo y comida rápida, aire acondicionado, bar, calefacción y baños ecológicos.
Este ferrocarril es el único que ha sido internacional en su visión desde su concepción. Cruza algunos de los terrenos más escarpados de México, abrazando el borde de montañas y cruzando profundas cañadas y barrancas en sus puentes. El escenario es en verdad impresionante. Esta es una travesía espectacular y realmente vale la pena hacerla, pero debe reservarse con tiempo.
Las estaciones turísticas por las que el tren pasa, partiendo de Chihuahua, son: Cuauhtémoc, Creel, Divisadero, Posada Barrancas, Bauichivo, Témoris, El Fuerte y Los Mochis.
El clima en el recorrido depende de la estación del año. En la parte alta del cañón el clima es alpino, tibio y húmedo en el verano, frío y fresco en el invierno. La temperatura a esta altura es de entre -22ºC y 30ºC. Mientras tanto, en el fondo del cañón el clima es subtropical, caliente y húmedo en el verano y tibio y seco en el invierno. La Temperatura va de entre los -12ºC y 44ºC.

CIUDADES Y PUEBLOS PRÓXIMOS
Algunas de las ciudades cercanas dentro del cañón son:
  • Creel, en cima del cañón y a 2.340 metros de altitud. Es uno de los puntos más altos de la ruta ferroviaria Chepe (San Juanito es más alto). Un punto central de comercio y turismo.
  • Batopilas, un pueblo al lado del río del mismo nombre en el fondo del cañón. Establecido por los españoles en1632 como una mina de plata.
  • Urique
  • Divisadero, un punto de parada en el Chepe que brinda panorámicas maravillosas de tres de los cañones (del Cobre, Urique, Tararecua). El tren Chepe hace una parada para que los viajeros disfruten del paisaje y puedan comprar artesanía tarahumara de la región.
  • Témoris es un pueblo pintoresco, agradable y tranquillo, calificado como “el lugar más impresionante del recorrido del tren Chepe”
Las Barrancas del Cobre debido a su atractivo turístico han sido utilizadas con fines comerciales para promocionar productos diversos.
La vasta y colorida biodiversidad en esta legendaria región de Chihuahua la convierten en el sitio ideal para los amantes de la naturaleza y los ecoturistas. Puede practicarse senderismo en los bosques, acampar, avistar aves o simplemente admirar el contraste de la vegetación a lo largo del camino.
El viajero debe ir preparado antes de viajar dado que en las barrancas el clima varía mucho dependiendo de la zona y, sobre todo, no debe olvidar su cámara fotográfica. El paisaje en las Barrancas del Cobre resulta tan impresionante como maravilloso.

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