LAS BARRANCAS DEL COBRE




También denominadas El Cañón del Cobre, son el sistema conformado por siete barrancas y están localizadas en la sierra de Tarahumara, en el noroeste del estado mexicano de Chihuahua. Este sistema de cañones es cuatro veces más grandes en extensión (60.000 metros cuadrados) y casi dos veces mayor en profundidad que el Gran Cañón del Colorado en Arizona (USA).
La Barrancas del Cobre es el hogar de los indígenas rarámuris o tarahumaras.
La zona está atravesada por la ruta de tren Chihuahua al Pacífico, conocido como “el Chepe”. En el tramo Divisadero-Los Mochis, este tren se interna en la montaña para atravesar la agreste geografía, pasa junto a enormes acantilados, cruza hasta 86 impresionantes túneles cortos y largos y 37 espectaculares puentes que libran caudalosos ríos. Este es un importante sistema de transporte y un atractivo turístico realmente impresionante.
En la actualidad puede llegarse por carretera desde la ciudad de Chihuahua, aproximadamente en cinco horas, y penetrar en las barrancas por caminos rurales. Sobrevolarla en helicóptero resulta una experiencia sobrecogedora y magnifica.

HISTORIA
El cañón, habitualmente es el refugio de los rarámuris y tarahumaras. Los indígenas han hecho de las barrancas su hogar durante siglos, y sus vidas se entrelazan con las montañas. Al vivir en esta región remota, han preservado sus costumbres ancestrales. Son famosos por su resistencia física en carreras de larga distancia, no en balde se les conoce por correr durante horas. Algunas de estas comunidades reciben fondos gubernamentales para construir caminos, restaurantes y hoteles, y están abiertas para recibir a los visitantes; otras prefieren vivir en áreas tan alejadas como sea posible de la vida urbana.
Cuenta la leyenda que las barrancas de la sierra de Tarahumara se formaron durante la creación del mundo, cuando las piedras aún no cuajaban y eran maleables. La metáfora se refiere a un suceso tectónico que hace más de veinte millones de años dio origen a esta espectacular red de cañones,
El sistema debe su nombre a una cañada famosa por sus minas de cobre, pero son muchas las que suceden a lo largo de 600 kilómetros.
Entre las barrancas más importantes se cuentan: Urique, la más profunda de México (1.879 metros); La Sinforosa, por cuyas laderas caer las cascadas Rosalinda y San Ignacio; Batopilas (declarado Pueblo Mágico en octubre de 2012), donde viven algunas de las comunidades tarahumaras más tradicionales; Candameña, donde se encuentran Piedra Bolada y Baseaseachi, las dos cascadas más altas de México, y la peña El Gigante, una roca de 885 metros de altura; Huapoca, que alberga lugares arqueológicos de la cultura paquimé, y Chinipas, una de las menos conocidas, en cuyo fondo se asienta la misión más antigua de la sierra Tarahumara.

PROFUNDAS CASCADAS
La zona conocida como el Parque Nacional Cascada de Baseaseachi, cuenta con la cascada del mismo nombre y Piedra Volada, con caída de 270 y 500 metros respectivamente. Cuenta la leyenda que Baseaseachi era hija del rey Candameña, que gobernaba la Alta Sierra Tarahumara; ella era muy hermosa y en edad casadera varios hombres la pretendían, por ello su padre solicitaba grandes y difíciles pruebas que ninguna logró con éxito y murieron, resultando que la muchacha inconsolable, en un arrebato de desesperación saltó al vacío. Entonces un brujo de la comunidad convirtió este escenario en la caída de la cascada que puede admirarse en la actualidad.
Se puede encontrar vegetación y animales diversos, hay paseos a pie e incluso hospedaje.

EL TREN CHEPE
La aventura de este ferrocarril que recorre las Barrancas del Cobre comienza en Chihuahua, la capital del estado, y termina en Los Mochis, en el estado vecino de Sinaloa. Atraviesa túneles y la grandiosa Sierra Madre. Pasaron noventa años antes de que el tren Chihuahua al Pacífico (Chepe) pudiera ser completado.
Inaugurada en 1961, la ruta tiene 628 kilómetros de longitud y cruza 39 puentes y 86 túneles. Como cabe suponer, el viaje es sinuoso y largo, de unas 14 horas de duración y ofrece unas vistas impresionantes. Los 64 vagones del ferrocarril están equipados con cómodos asientos, un comedor con servicio completo y comida rápida, aire acondicionado, bar, calefacción y baños ecológicos.
Este ferrocarril es el único que ha sido internacional en su visión desde su concepción. Cruza algunos de los terrenos más escarpados de México, abrazando el borde de montañas y cruzando profundas cañadas y barrancas en sus puentes. El escenario es en verdad impresionante. Esta es una travesía espectacular y realmente vale la pena hacerla, pero debe reservarse con tiempo.
Las estaciones turísticas por las que el tren pasa, partiendo de Chihuahua, son: Cuauhtémoc, Creel, Divisadero, Posada Barrancas, Bauichivo, Témoris, El Fuerte y Los Mochis.
El clima en el recorrido depende de la estación del año. En la parte alta del cañón el clima es alpino, tibio y húmedo en el verano, frío y fresco en el invierno. La temperatura a esta altura es de entre -22ºC y 30ºC. Mientras tanto, en el fondo del cañón el clima es subtropical, caliente y húmedo en el verano y tibio y seco en el invierno. La Temperatura va de entre los -12ºC y 44ºC.

CIUDADES Y PUEBLOS PRÓXIMOS
Algunas de las ciudades cercanas dentro del cañón son:
  • Creel, en cima del cañón y a 2.340 metros de altitud. Es uno de los puntos más altos de la ruta ferroviaria Chepe (San Juanito es más alto). Un punto central de comercio y turismo.
  • Batopilas, un pueblo al lado del río del mismo nombre en el fondo del cañón. Establecido por los españoles en1632 como una mina de plata.
  • Urique
  • Divisadero, un punto de parada en el Chepe que brinda panorámicas maravillosas de tres de los cañones (del Cobre, Urique, Tararecua). El tren Chepe hace una parada para que los viajeros disfruten del paisaje y puedan comprar artesanía tarahumara de la región.
  • Témoris es un pueblo pintoresco, agradable y tranquillo, calificado como “el lugar más impresionante del recorrido del tren Chepe”
Las Barrancas del Cobre debido a su atractivo turístico han sido utilizadas con fines comerciales para promocionar productos diversos.
La vasta y colorida biodiversidad en esta legendaria región de Chihuahua la convierten en el sitio ideal para los amantes de la naturaleza y los ecoturistas. Puede practicarse senderismo en los bosques, acampar, avistar aves o simplemente admirar el contraste de la vegetación a lo largo del camino.
El viajero debe ir preparado antes de viajar dado que en las barrancas el clima varía mucho dependiendo de la zona y, sobre todo, no debe olvidar su cámara fotográfica. El paisaje en las Barrancas del Cobre resulta tan impresionante como maravilloso.

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AJANTA Y ELLORA



ESPLENDOR DEL ARTE BUDISTA E HINDÚ


El arte de la India ha fascinado siempre al mundo, sobre todo el que se ha expresado en piedra. Un símbolo de continuidad que ha recorrido los caminos del tiempo para revelarnos incluso en la actualidad, la magnificencia del artista que lo forjó y los imperios bajo los cuales floreció tanta belleza.
Ajanta y Ellora, en el estado del Maharashtra, son dos de los ejemplos más refinados de este arte.
En la costa occidental de la India, al sur del mítico Gujarat y en ruta hacia Karnataka y Kerala, el estado del Maharashtra se abre al mar arábigo a través de Mumbai (la antigua Bombay), una de las ciudades más abigarradas del mundo y a la vez un amplio calidoscopio de luz, color, sonidos, gentes, costumbres y unos marcados contrastes que terminan por seducir al viajero hasta límites insospechados.
Pese a lo que pueda creerse, el Maharashtra no es sólo su capital, es más, infinitamente más, incluso nos atreveríamos a asegurar que toda esta región que encierra una singular belleza, no tiene absolutamente nada que ver con la legendaria Bombay.
Y es precisamente al adentrarse en su territorio, extasiarse ante sus monumentos y contactar con sus habitantes cuando se van conociendo los auténticos valores que la distinguen. A la hora de tomar un primer punto de referencia, lógicamente hay que hacer hincapié en Aurangabad, una de las ciudades más atractivas, sin por ello olvidar otras como Pune, Nashik, Nagpur o Kolhapur.
Aurangabad se enorgullece de ubicarse en el corazón del Maharashtra y aglutinar una extraordinaria riqueza arquitectónica, como lo demuestran los vestigios mogoles que existen en sus alrededores, aunque a decir verdad es el mausoleo de Bibi ka Maqbara el más visitado, quizá porque se asegura que es una pequeña réplica del Taj Mahal de Agra. Fue construido en memoria de la esposa del emperador mogol Aurangzeb.
El palacio de Sunehri Mahal, el molino de agua de Panchakki y la fortaleza de Daulatabad a sólo unos kilómetros, pueden completar el recorrido, sin dejar a un lado el placer de deambular sin prisa por el entresijo de callejuelas donde se sitúan infinidad de vendedores ambulantes con sus variopintas mercancías. Una auténtica tentación para el occidental ávido de sensaciones. De hecho, cualquier rincón de este fascinante país constituye un verdadero paraíso para efectuar compras.
Aurangabad, aunque importante enclave de la región, cede buena parte de su protagonismo a Ajanta y Ellora, que suelen ser el objetivo fundamental del viajero que hasta aquí llega.

UNA MARCADA INFLUENCIA RELIGIOSA
Resulta en verdad muy difícil poder llegar a comprender los arcanos que siempre envuelven a las religiones, toda la mitología, las creencias, tradiciones y ritos del pueblo indio. Todo ello permanece tan arraigado a sus costumbres, que se ha convertido en su propia forma de vida.
Hinduismo, Budismo y Jainismo, tres de las doctrinas más extendidas en la India, han sido capaces de dejar a través de los siglos un legado de excepción y no sólo de carácter espiritual, sino también manifestándose con obras arquitectónicas que son una muestra fehaciente de la fe y el amor.
Ajanta y Ellora con su viharas (monasterios) y chaityas (santuarios) son un fiel exponente de cuanto antecede. Al contemplar estas maravillas puede incluso resultar una desconsideración llamarlas simplemente “cuevas o grutas”, cuando en realidad se trata de una manifestación artística en grado superlativo, la explosión de un arte milenario, algo de tal magnitud que resulta incomparable, máxime teniendo en cuenta que quienes levantaron estos templos excavados en las rocas lo hicieron hace infinidad de siglos y, por supuesto, con medios rudimentarios y primitivos.

EL BUDISMO EN AJANTA
En Ajanta, a un centenar de kilómetros de Aurangabad, los templos son fundamentalmente budistas.
Quizá el éxito de su buena conservación radique en que siempre permanecieron muy escondidos entre montañas.
Sidartha Gautama, el Iluminado o Buda, como se prefiera, nació en Lumbini, en la región nepalí del Terai, a los pies del Himalaya. Hijo de reyes, abandonó su familia y todo tipo de ostentación y prebendas para recorrer la Tierra, meditar profundizando en la práctica de la negación de los sentidos, consigna básica de su doctrina, y vivir en el más estricto ascetismo hasta su muerte. Tras su desaparición, Ananda, el discípulo preferido, junto con otros seguidores, tuvieron la necesidad de ir transmitiendo la doctrina a monjes y ascetas, que era la mejor forma de hacer llegar al pueblo las enseñanzas de su maestro. Fueron entonces los artistas quienes se encargaron de ir representando en pinturas, relieves y esculturas, buena parte del legado budista, la epopeya terrenal de Buda, aunque él estuviera en contra de este tipo de simbolismos.
En Ajanta se conserva todo un compendio de esta obra con frescos, murales y templos de un extraordinario valor.
Resulta curioso el hecho de que Buda desarrollara toda su vida en la India y, sin embargo, el budismo, donde tiene más adictos es precisamente fuera de la península indostánica, en el resto de Asia, y con el transcurso de los siglos se ha extendido por todo el mundo.
Para experimentar el maravilloso trabajo de los artistas, se recomienda la cueva número uno, un monasterio del siglo VI. La gran cantidad y calidad de pinturas que ofrece la superficie de la piedra deja como hechizado a quien la contempla. La suavidad del contorno de las figuras y la gran expresividad de las manos ofrece una sensación de vida impresionante.
Una obra de arte memorable que se encuentra en la profundidad de la roca tallada es el Bodhisattva Padmapani. Sostiene un loto azul en la mano y se encuentra en la postura llamada tribhanga, en recogimiento espiritual. Su expresión de sosiego y tranquilidad la aumentan las figuras y el silencio que proviene de todos los rincones. Las pinturas parecen estar rodeadas de un hálito de luz celeste a donde no llegan las sombras. Esta es una característica de todas las pinturas de Ajanta, que, en parte, procede de la técnica que utilizaron los artistas.
Algunas de estas bellas joyas arquitectónicas de origen budista, tanto las existentes en Ajanta, como buena parte de las de Ellora, y las de la isla Elephanta (a una hora de navegación desde Mumbai) se cree que fueron ejecutadas durante la dinastía Vakataka, en los siglos III al VI.

LAS MARAVILLAS DE ELLORA
En Ellora, a una treintena de kilómetros de Aurangabad, existen templos extraordinarios en los que, lógicamente, los dioses allí representados son la auténtica razón de ser de los mismos.
La obra maestra de Ellora es, sin lugar a ningún género de dudas, el templo de Kailasanath. Una estructura monolítica, la más grande del mundo según se cree, realizada con una técnica sublime. Se concibió en forma de montaña porque el templo estaba destinado a ser la “montaña sagrada” donde reside Lord Shiva, uno de los dioses de la trinidad hindú, compuesta por el propio Shiva (el Destructor), Brahma (el Creador) y Vishnú (el Preservador). A la deidad Shiva también se la conoce como la fuente de la regeneración. Para simular los picos nevados del lejano Himalaya, su morada, los shikharas (tejados en forma curvilínea) del templo Kailasanath se recubrieron con estuco blanco. Su construcción se llevó a cabo en los siglos VIII al X bajo la dinastía de los Rastrakuta y, mientras en su interior se aprecian esculturas dedicadas a otros dioses como Vishnú, Nandi Ganga, Yamuna, Garuda, etc. en las distintas galerías de este templo predomina la reproducción de diferentes epopeyas y escenas mitológicas en las cuales aparecen Shiva y su esposa Parvati, en lucha con el demonio Ravana. Esta batalla legendaria es el tema del gran poema épico del Ramayana.
Donde mejor se aprecia la influencia budista en la herencia cultural de Ellora es en la cueva número diez, uno de los doce templos budistas que se excavaron entre los años 350 y 700 d.C.
La faceta característica del arte escultórico budista es el templo de tres pisos. Además de ser lugar de oración, tienen celdas para los monjes residentes y otras que se utilizaban para los peregrinos. La mencionada cueva número doce es impresionante porque tiene estatuas de Buda en los tres pisos, los dos últimos tienen siete Budas en fila. La razón de este número estriba en la creencia según la cual el propio Buda visita la Tierra cada cinco mil años, habiéndola visitado ya siete veces.

JAINISMO: EL CAMINO DE LA PERFECCIÓN
El Jainismo también ha contribuido y de forma amplia al enriquecimiento de la cultura india.
Aunque nacido con anterioridad, Mahavira “el gran héroe”, siguió una vida muy similar a la de Buda, basando sus principios en el hecho de que cada individuo es un alma independiente y desestima la visión de un dios personal. La fe, el conocimiento y la conducta correcta son, asimismo, tres pilares de esta religión en la que el control y dominio de sí mismo resulta fundamental, de hecho jaín significa dominador.
Estos elementales apuntes ya dan de alguna manera a entender que con esta doctrina jainista se logra un perfeccionismo tan extremo que se puede alcanzar el límite de lo sublime.
En Ellora se conserva el templo de Indrasabha, de origen jaín por su fachada y galería superior, así como diferentes esculturas con profusa ornamentación, aunque posiblemente sin superar la exquisita belleza de otros templos como los que se ubican en el Monte Abu o Palitana, por citar dos ejemplos.

ALREDEDORES DE AURANGABAD
Siguiendo a través del Maharashtra y después de haber visitado Aurangabad, Ajanta y Ellora, hay que dejar constancia de otros enclaves de interés como Nagpur, la ciudad santa de Nashik, muy venerada por los hindúes y con infinidad de templos, además de Pune, donde se asegura que surgió el primer movimiento independentista indio… Y para quienes prefieran completar el viaje con una estancia en las playas, nada mejor que hacerlo en Murud o Kihim, dejando como capítulo final experimentar el auténtico impacto que supone penetrar en Mumbai, porque Mumbai es realmente una historia por completo distinta
Resulta una experiencia apasionante penetrar en el interior de las cuevas y templos de Ajanta y Ellora y permanecer rodeados de tal magnificencia pictórica y escultórica, en medio de un silencio que transpira misticismo y religiosidad. Es como sentirse trasladado en el tiempo y el espacio, y vivir intensamente otro mundo en el éxtasis, aproximándose al conocimiento de las divinidades Vishnú, Brahma, Krishna, Shiva, Buda....
El Maharashtra, quizás menos conocido que otros estados de este país donde aún hoy la fantasía sigue siendo superior a la propia realidad, tiene sus peculiares características. En la India todos sus estados y regiones son diferentes, pero coexisten y se fusionan unos con otros para dar origen a un armonioso, complicado y fascinante laberinto que sigue siendo de muy difícil comprensión para la mentalidad occidental. Muy posiblemente en ello radique precisamente el misterio que convierte a éste país en poseedor de la auténtica magia de Oriente.

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SAHARA



- 2ª Parte -
 
BEREBERES, ÁRABES, TURCOS Y EUROPEOS
Una civilización urbana, los Garamantes, se alzó hacia el 500 a.C. en el corazón del Sahara, en un valle que se conoce en la actualidad como Wadi al-Ajal en Fezán (Libia). Los Garamantes lograron este desarrollo gracias a la excavación de túneles profundos en las montañas que flanquean el valle para obtener agua fósil y conducirla hasta sus campos.
Los Garamantes crecieron en número y fortaleza, conquistando a sus vecinos y capturando multitud de esclavos (que eran utilizados en el trabajo de la excavación de nuevos túneles). Los antiguos griegos y romanos supieron de los Garamantes, viéndolos como nómadas incivilizados. Sin embargo, comerciaron con ellos, habiéndose encontrado unas termas romanas en la capital de los Garamantes, Garama.
Los arqueólogos han encontrado ocho ciudades principales y multitud de otros asentamientos importantes en el territorio de los Garamantes. Cuando toda el agua disponible en los acuíferos fue agotada, la civilización de los Garamantes se colapsó, no pudiendo permitirse la continuación de extender túneles en las montañas.
Los bereberes ocuparon (y todavía ocupan) buena parte del Sahara. Los bereberes Garamantes construyeron un próspero imperio en el corazón del desierto. Los nómadas tuareg han continuado hasta el presente, habitando y moviéndose a través de amplias áreas del Sahara.
El imperio bizantino controló las costas del norte del Sahara desde el siglo V hasta el siglo VII. Cuando la conquista musulmana del Magreb comenzó entre mediados del silgo VII y comienzos del VIII. La influencia árabe e islámica se expandió rápidamente por todo el Sahara. Hacia el final del año 641 todo Egipto estaba en manos árabes. El comercio a través del desierto se intensificó. Los reinos del Sahel, especialmente el imperio de Ghana y el imperio de Mali, aumentaron su riqueza y fortaleza gracias a la exportación de oro y sal hacia el norte de África. Los emiratos que se sucedían a través de la costa del Mediterráneo enviaban bienes manufacturados y caballos hacia el sur. Desde el propio Sahara se exportaba sal. Este proceso convirtió a las dispersas comunidades de los oasis en centros comerciales y los trajo bajo el control de los imperios que se asentaban en los límites del desierto. A través del desierto tenía lugar un importante comercio de esclavos. Se estima que desde el siglo X y hasta el siglo XIX, entre 6.000 y 7.000 se transportaron hacia el norte cada año.
El comercio a través del Sahara persistió durante muchos siglos hasta que el desarrollo en Europa de la carabela permitió que los barcos, inicialmente desde Portugal y pronto desde toda Europa Occidental, navegaran alrededor del desierto y se hicieran con los recursos desde su fuente, la región de Guinea. El Sahara fue pronto marginalizado.
Desde el siglo XCVI, la zona norte del Sahara, comprendiendo áreas costeras de las actuales Argelia y Túnez, así como partes de la actual Libia, junto al reino semi-áutónomo de Egipto, fueron ocupados por el Imperio Otomano. Desde el año 1517, Egipto pasó a considerarse como parte del Imperio turco, propiedad que les permitió a éstos controlar el Valle del Nilo, el Mediterráneo oriental y el norte de África. El beneficio de estas conquistas para los otomanos fue considerable, permitiéndoles libertad de movimiento para sus ciudadanos y bienes. El comercio aprovechó las rutas terrestres otomanas para llevar oro desde África. El árabe continuó siendo la lengua local y la cultura islámica se reforzó, las regiones del Sahel y del sur del Sahara acogieron a numerosos estados independientes así como clanes tuareg nómadas.

EL COLONIALISMO EUROPEO
La exploración moderna del Sahara fue iniciada bajo los auspicios de la Association for promoting the discovery of the interior parts of África, fundada en 1788 y transformada en 1830 en la Royal Geographical Society.
Pronto surgieron los primeros y avezados aventureros que cruzaron o intentaron cruzar el desierto del Sahara. Friedrich Hornemann fue el primero que lo intentó de norte a sur (1798-1800), pero murió poco antes de llegar al Níger. Oudney, Denham y Clapperton (1822-1824) realizaron la primera travesía. La exploración científica comenzó en 1850 con los trabajos de los grandes exploradores alemanes Heinrich Barth, Gustav Nachtigal, Oskar Lenz y otros. Los representantes franceses  y entre ellos en primer lugar Emile Félix Gautier llegaron a ser los que hicieron una mayor contribución del conocimiento geográfico del gran desierto.
El colonialismo europeo en el Sahara comenzó en el siglo XIX. Francia conquistó la regencia de Argel de los Otomanos en 1830, y el mando francés se expandió hacia el sur desde Argelia y hacia el este desde Senegal hacia el Alto Níger para incluir lo que actualmente es Argelia, Chad, Malí que entonces se conocía como Sudán francés e incluía Tombuctú, Mauritania, Marruecos en 1912), Níger y Túnez (desde 1881). Para el comienzo del siglo XX, el comercio transahariano había decaído de forma significativa, ya que los bienes habían empezado a trasladarse mediante métodos modernos más eficientes, como el avión, en vez de a través del desierto en caravanas de camellos.
El imperio colonial francés era entonces la fuerza dominante en el Sahara.
Egipto bajo Muhammad Ahmad y sus sucesores, conquistaron Nubia en 1820-22 fundando Kartoum en 1823 y conquistando posteriormente Darfur en 1874. Egipto, incluyendo Sudán, se convirtió en un protectorado británico en 1882. Egipto y el Reino Unido perdieron el control de Sudán entre 1882 y 1898 como consecuencia de la guerra del Mahdi. Tras su captura por las tropas británicas en 1898, Sudán pasó a ser un condominio anglo-egipcio.
España capturó el actual Sahara Occidental en 1874, aunque Rio del Oro siguió principalmente bajo la influencia tuareg. En 1912, Italia se hizo con partes de lo que se conoce actualmente como Libia de los otomanos.
Para promover la religión católica en el desierto, el Papa Pio IX designó a un delegado apostólico del Sahara y Sudán en 1868.
Egipto se independizó de Gran Bretaña en 1936, aunque el Tratado anglo-egipcio le permitió a Inglaterra mantener tropas en Egipto y el condominio anglo-egipcio en el Sudán. Las fuerzas militares británicas dejaron el país en 1954.
La mayor parte de los estados del Sahara lograron la independencia tras la Segunda Guerra Mundial: Libia en 1951, Marruecos, Sudan y Túnez en 1956, Chad, Malí, Mauritania y Níger en 1960 y Argelia en 1962. España salió del Sahara Occidental en 1975, y éste quedó dividido entre Mauritania y Marruecos. Mauritania lo dejó en 1979 y Marruecos sigue manteniéndose en su territorio.
En la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, multitud de estudios se han desarrollado para utilizar los recursos naturales del desierto. Entre estos se encuentran importantes yacimientos de petróleo y gas natural en Argelia y Libia, y también importantes depósitos de fosfatos en Marruecos y Sahara Occidental.
Por lo que respecta a los dialectos árabes, éstos son los más hablados en el Sahara, desde el Atlántico al Mar Rojo. Los pueblos bereberes se encuentran desde Egipto occidental hasta Marruecos, incluyendo los pastores tuareg del Sahara central.
Los pueblos beja viven en las colinas del Mar Rojo, del sureste de Egipto y de Sudán oriental.
Árabe, bereber y sus variantes reagrupadas bajo el término amazigh (que incluye el idioma aborigen hablado por los habitantes bereberes originales de las islas Canarias) y los idiomas de los beja son parte de la familia de lenguas afroasiáticas o hamito-semíticas.

A TRAVÉS DEL SAHARA
En las rutas transaharianas son multitud las ciudades-oasis importantes y vale la pena ir conociendo algunos de estos enclaves míticos y milenarios.
Aún hoy resulta frecuente contemplar algunas caravanas de camellos que, cuando el sol adquiere un intenso color rojo en el horizonte y mientras aparece la luna de pálido azul, como enigmáticas sombras que proceden de lejanas tierras, más allá de la inmensidad arenosa, se aproximan a los oasis en busca del descanso reparador para el cuerpo y la paz del espíritu, envueltos en el suave manto de la noche sahariana.
Al sur de la ciudad roja de Marrakech, en el Alto Atlas, existen varios puntos de indudable interés.

MARRUECOS
Ouarzazate, también conocida como La puerta del desierto forma parte de la región de Souss-Massa-Draa y es frecuentada por el llamado turismo de aventura, dada su proximidad al Atlas y al valle del río Draa.
Su nombre procede del bereber y significa “sin ruido”. En cuanto a Tourit que es el nombre de su kasbah o alcazaba, hace referencia en el bereber regional a que se eleva sobre un montículo.
En tiempos pasados, Ouarzazate fue un pequeño punto de travesía para los comerciantes africanos que intentaban alcanzar ciudades norteñas de Marruecos y Europa. Durante el periodo colonial francés, creció de forma considerable como ciudad de abastecimiento, siendo además un centro administrativo y posta de aduanas.
Situadas en el lado este de las montañas del Alto Atlas de Marruecos, las Gargantas del Todra son reconocidas mundialmente por ser uno de los cañones rocosos más espectaculares. Estas gargantas se encuentran a tan solo unos veinticinco kilómetros al norte de la ciudad de Tinghir. La carretera que conduce a las gargantas ofrece preciosos paisajes como Assoul o Ighri, así como una bella vista del majestuoso palmeral.
Su agua es cristalina y limpia. Los acantilados de la garganta cada año atraen a muchísimos escaladores que vienen a disfrutar de su pasión. Las gargantas, aunque están situadas en una zona remota de Marruecos, es un destino turístico muy popular y que ha crecido mucho en las últimos años, equipándose con diferentes rutas de senderismo y un camino de tierra en buen estado que los visitantes pueden recorrer, a pesar de tenerlo que compartir con mulas y otros animales de carga.
En esta ruta no hay que perderse una parada para contemplar el ksar de Ait Ben Hadou, reducto bereber que ha sido escenario de infinidad de películas y está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Erfoud es una ciudad que está muy cerca de la frontera con Argelia, en el área de Meknes-Tafilalet del Marruecos oriental. Debido a la proximidad de Merzouga, pueblo de desierto en las dunas de Erg Chebbi, Erfoud ha desarrollado una importante industria turística con buena infraestructura hotelera.
A cuarenta y cinco kilómetros de Erfoud, el pueblo más famoso de Erg Chebbi, Merzouga cuenta con el mayor cuerpo natural de agua de Marruecos y en más de una ocasión ha sufrido importantes inundaciones.
Las dunas de Merzouga son un atractivo especial para quienes conocer de cerca el Sahara, aparte de que también se han convertido en objeto de filmación por muchos directores de cine.
A pesar de estar en el desierto, es un pueblo muy preparado para el turismo con hoteles adaptados a cualquier tipo de visitante.

TÚNEZ
Verdes oasis salpicando el árido paisaje, el ardiente sol, palmeras que se mecen al viento, senderos agrestes, espectaculares desfiladeros, caravanas de camellos cuyas siluetas se recortan en un horizonte infinito de mares de arena y aventura… Es el gran sur tunecino, incomparable escenario que suscita mil fantasías.
No es preciso ser un consumado aventurero para aproximarse a los oasis tunecinos, los cuales aunque puedan parecer similares no lo son en absoluto, cada uno tiene sus características diferentes y, muy especialmente, aquellos que están en las escarpadas montañas, entre desfiladeros. Son de una belleza inigualable.
Chebika, Tamerza, Mides… Verdaderos nidos de águilas, refugios bereberes, pintorescos paisajes bíblicos rodeados de torrentes y cascadas de agua templada y verdes palmeras cuajadas de dátiles que se agitan levemente con la brisa del atardecer. Todo ello en la proximidad del desierto y lejos de la civilización.
El Bled Jerid se extiende sobre el istmo que separa dos grandes lagos salados, el chott Jerid y el chott El Gharsa, y es la frontera entre las llanuras y el desierto. En esta zona, antiguo enclave de caravanas, se concentra la producción de dátiles y sus oasis son, sin duda alguna, los mejores de Túnez.
Tozeur, capital de la región y una de las perlas del Jerid, es una ciudad única por su especial encanto.

ARGELIA
Dos nombres míticos en las rutas saharianas son el macizo de Ahaggar y Tamanrasset, ubicados al sur de Argelia.
Atravesado por el trópico de Cáncer, a ochenta kilómetros al norte de Tamanrasset, el macizo del Hoggar cubre un área aproximadamente de 540.000 kilómetros cuadrados, casi un tercio de la superficie total de Argelia. Al este de Tamanrasset se eleva a más de 2.000 metros de altitud una meseta erosionada de unos 250 kilómetros de diámetro compuesta por coladas de lava, el Atakor de Hoggar, sobre la que destacan volcanes a una altitud cercana a los 3.000 metros. El punto culminante del macizo es el monte Tahat con 2.918 metros, que también es la montaña más alta del país.
El macizo de Ahaggar o bien Hoggar, como se prefiera, es la tierra del pueblo imuhagh, una tribu del pueblo tuareg. El oasis de Abalasa, próximo a la ciudad de Tamanrasset es el lugar donde se encuentra la tumba de la reina Tin Hinan quien, según la leyenda, vino de las montañas Tafilalet, región de la cordillera del Atlas en Marruecos.
El ardiente sol argelino, las interminables dunas, horizontes infinitos, verdes oasis, solitarias palmeras que se mecen con la suave brisa del atardecer, la luna sobre un pálido azul, los castillos del desierto… Desolados mundos de recóndita belleza.

NÍGER
Agades es una ciudad situada en el desierto del Sahara, en el centro de Níger y en la región denominada Azbine. Fue fundada antes del siglo XIV y gradualmente fue convirtiéndose en la ciudad más importante de los tuareg. Creció gracias al transporte y el comercio sahariano. Su economía está basada en la sal de Bilma que traen las caravanas.
Muy a menudo en Agades en el borde del desierto del famoso Teneré, es el punto de partida de lo que los migrantes subsaharianos denominan “el camino del infierno” es decir la travesía del desierto de Libia hasta Sabha. Se trata de una extensión de terreno muy difícil de cruzar, a cargo de los traficantes, y por desgracia, muchas personas no consiguen atravesarlo. Hay un testimonio de un joven que sí logró atravesarlo y describió este desierto como un cementerio debido a la gran cantidad de cadáveres que vió.
Una parte de la región del Teneré fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conjuntamente con las montañas de Air, con el nombre de Reservas Naturales del Air y el Teneré.
El arte rupestre del Sahara central y oriental debe su fama principalmente a los frescos de Tassili n’Ajjer, pero también es muy abundante en Ahaggar, Tibesti, Bourkou y Ennedi.
Esta zona de Agades y el Teneré tiene un clima muy riguroso, muy a pesar de ello la región se tiene constancia de que ha estado habitada desde el Paleolítico, hace al menos 60.000 años.

CHAD
En esta relación de enclaves míticos del Sahara no puede faltar la Guelta d’Archei, al noreste del Chad. Se encuentra en la meseta de Ennedi, al sureste de la ciudad de Fada. Está habitada por varios tipos de animales, especialmente el cocodrilo del Nilo.
Los restos del Holoceno medio, así como las pinturas rupestres, indican que esta especie una vez prosperó en la mayor parte del desierto del Sahara actual y en los pantanos y ríos a lo largo de las costas del sur del Mediterráneo.
El pequeño grupo de cocodrilos supervivientes en la Guelta d’Archei, representa una de las últimas colonias conocidas en el Sahara de hoy. Es un lugar estéril, lejos de caminos trillados. Alcanzarlo por tierra requiere un vehículo todo-terreno y por lo menos cuatro días de viaje desde N’Djamena, la capital del Chad.
En pocos lugares del mundo, el viajero occidental encuentra ocasión de someterse a una experiencia tan intensa como apasionante.
Horas y más horas de horizontes infinitos, de pensamientos perdidos, quizá sueños inalcanzables. Un tiempo vacío, de reflexión, de inmensas dudas, de tribulaciones y sosiego al mismo tiempo, hasta encontrar la auténtica paz interior. Una búsqueda de la felicidad eliminando el sufrimiento.
Un viaje al mítico desierto del Sahara puede ser una incursión a lo más profundo de la mente, al encuentro de uno mismo. Una experiencia, sin duda, inolvidable.

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